La tipa, con todo lujo de detalles, asquerosamente viscerosos y sangrientos, me explica síntomas y consecuencias de cada enfermedad endémica -o no- del país al que me voy. Juraría que lo disfruta. Una por una, no veas, la colega, se regocija minuciosamente en pelos, vómitos, señales, fiebres y demás cuestiones que no alcanzo a procesar. (Habla-chucho-que-no-te-escucho). Ahora, empastando el ambiente, haciéndome palidecer, la técnica sanitaria “Sra. Medina”, empieza con la letanía de los efectos secundarios de cada vacuna o pastillazo.
Toma, señora- Medina-te-lo-pone-ahí, en-tu-cara-mamona, ah-ah-ah, Aprensive- MC entre-las-MCs, olvidando que es precisamente de MI cuerpecito del que estamos hablando, sí señora, soy yo, de cuerpo presente enfrente, el hipotético pasto del paludismo, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, gripe caribeña, difteria, meningitis, tétanos, tubercolisis, amebas y hepatitis. Hostia! Hepatitis! Vuelvo a conectar. Perdone, la hepatitis ya la pasé. Por primera vez desde que entré en la sala, me mira a los ojos. Los suyos, asépticos. Los míos, indefinidos. La tuve de chica, estuve un mes en cama, sin ir al cole ni ná ,tomando unas pastillas naranjas disueltas en la sopa.
Muy bien, ¿de qué clase de hepatitis estamos hablando? Pues no sé, una vírica. Tooodas son víricas. Pues yo no recuerdo con qué letrita era la que tuve yo. Estaría bien que te enterases, porque vacunarte de algo que ya superaste puede desencadenar reacciones adversas, por ejemplo:(BLA bla súper bla y de propina más bla)
Muy bien, ¿de qué clase de hepatitis estamos hablando? Pues no sé, una vírica. Tooodas son víricas. Pues yo no recuerdo con qué letrita era la que tuve yo. Estaría bien que te enterases, porque vacunarte de algo que ya superaste puede desencadenar reacciones adversas, por ejemplo:(BLA bla súper bla y de propina más bla)
Sí, definitivamente disfruta. Y mucho. Yo me vuelvo pa Almalandia, donde sólo escucho con el rabillo del oído y el tema sanitario sólo supone un mal necesario: tú pínchame, comae, pero finiquita YA este nefasto inventario.
Entonces ¿ cuándo y cómo empezamos el vacunario?
¿No quieres conocer los riesgos sanitarios? (Con cara de “¿será irresponsable, la niña?”)
Yo consigo parir un gesto que me ahorra entrar en disputas. A fin de cuentas, mejor ser pragmática: esa misma tipa es la que me va a pinchar. Varias veces, además. Alumbro una sonrisa a duras penas, pues, y debe haberme salido medianamente resultona porque la Sra. Medina deja de mirarme de forma inquisidora y pasa a imprimir algo.
Por si no lo sabiais, yo soy de esa clase de personas que trata de arreglarse los males con yerbas varias: no me creo la parafernalia química y menos aún, el DSM-IV. Soy de ésas que no le ven ninguna risa a las series de hospitales, y se sienten el estómago volcar cuando ven sangre salir de la piel. (Qué-hace-ese-líquido-rojo-deambulando-por-ahí, fuera-de-las-venas, joder) Dice mi hermana que en un 90% se trata de una reacción empática, esto del blancazo por ver heridas, y que el 10 % restante responde a una cuestión fisiológica. Una vez, dejé a mi gato ingresado en el centro veterinario. Aguanté junto a mi Gomecito cerca de 10 minutos que me parecieron una eternidad: vi como lo anestesiaban y se caía redondo, le pelaban la pata y le cogían una vía. Me fui. Justo cuando iban a abrirlo. A mi gato, a mi Gomecito bebé. Me fui, y al poco me estaba llamando el veterinario: ¿llegaste bien a casa? No te viste, pero estabas color baldosa, hija, y bien pensé que podrías haberte mareado o algo por el camino... me quedé preocupado... ¿de verdad que estás bien?
Ya imprimió. Dos folios relatan el festival del vacuneo que me espera. Maaaaaaaambo! Si quiero que la medicación no me salga tan cara, tengo que conseguir recetas de mi médica de familia. Algunas me las compro yo en la farmacia luego y se las llevo a la enfermera del barrio y me las pica ya ella. Como curro de mañana, sólo puedo hacerlo los martes, que es el único día que mi médica tiene consulta a la tarde. Su enfermera sólo está media hora. Para el resto de las vacunas, hay que pagar en el banco Santander, volver a sanidad, en el centro, con un sellito en un papelito y 22 euros menos, por ejemplo, en el caso de la fiebre amarilla, y entonces me dispensa pinchazo Sra. Medina y así varias veces, resta pasta, toma pico y sigue, resta pasta toma pico y sigue… ¡Terminemos con esto de una vez! Y pospongamos el debate sobre la Novartis y sus amigas vampiras a otro momento, cuando el tema no lo tenga yo tan emocionalmente fresco. Que me quejo, pero de vicio, porque al menos tengo acceso, que ya es más de lo que puede decir un hemisferio entero.
Vale, me voy de Sanidad.En éstas, que oigo la voz de la técnica, con un tono distinto al que mantuvo todo el tiempo: y…..¿ a qué te vas a Colombia?
Se lo cuento. Ahora es ella la que se pone de color tiza, textura queso de Burgos. (Qué ironía, joder)
Al día siguiente, sin haber sido pinchada aún, me levanto con un fino y puñetero dolor en el brazo, como de agujetas o moretón: como de vacuna, vaya.
Todo es somático, me digo, todo es somático.
1 comentario:
pues eso de la hepatitis es mejor mirarlo bien, porque algunas son jodías pero otras son malas de solemnidad...
tú cuando veas sangre piensa que te sale por donde te sale a veces con sorprendente reguralidad. ya verás que pasa de muerte a vida en 5 segundos y nunca está de más.
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