anoche eché el rato en una casa de un barrio que se llama como "los limoncitos" o algo así. desde la casa, bebiendo vino dulce de oporto y comiendo paté de venezuela, se veía la piscina tan grande como la de mi barrio pero que era para la urbanización: 10 familias.
palmeras, jardinero, baranda de madera de cedro niquel barnizada, columpios... sólo faltaba la piñata.
sauna, tres plantas, agua caliente, pila de cds originales, lavadora, porche enorme con muebles rústicos, lladrós, óleos de más de cien mil pesos, última tecnología en todo
desde las ventanas se divisa bucaramanga, desde el burladero.
distancia prudencial, así no salpica.
y yo con la boca abierta.
"acá los ricos están realmente forrados" pienso.
despertar. ir al hogar. desayunar. explorar otra parte de la ciudad:
(abróchense los cinturones)
llegan unos trescientos desplazados cada mes a bucaramanga por el conflicto que se vive en las comunidades rurales.
chabola es sinónimo de cambuche y se llevan el premio gordo en el festival de las infecciones.
reinventan las afueras de la ciudad. arquitectura efímera, qué más.
unión bien estrecha con los buitres negros que pueblan la ciudad y se llaman chulos.
en perfecta armonía: chulos, basura, niños, cambuches.
ecología de los desheredados.
las casas de los desplazados titilan suaves, no soportarían soplos subidos del aire o estirones de tierra a la mañana.
como bailarinas de puntillas, se yerguen las vigas.
paredes de alfiler, tan finas y punzantes para la vida.
tejados azarosos en forma y material,
duchas improvisadas: manguera en carretera y toalla.
se tiende donde se puede, se vende lo que no siempre se debe.
nada bueno, nada bueno ( o qué esperabas)
el gobierno? ah! el gobierno!
a cada rato una sección de su ejército que viste de negro se dedica a desalojar a estas familias sin ofrecerle ninguna alternativa. a la puta calle (si cabe más aún) o te vuelves a tu comunidad a que te mate de un balazo un paraco o un guerrillero.
(pide permiso a papá estado para vivir, por escrito, si eso)
los hombres desde bien temprano tomando trago de rubia águila.
se acumulan botellines vacíos en las mesas a ritmo de vallenato o kumbia.
una tasca cada tres casas.
ahora, visualicemos un rollo de alambre. imagina que sacas el empiece y estiras una mijilla, como un palmo. si coges la punta, te quedará como un péndulo, sí? con el rollo abajo. pues quien lo menea, lo mira aluncinando -nunca mejor dicho- como si fuese cuestión de magia magicosa. moviendo incluso la cabeza a un tiempo. y a cada rato se ríe.
se ríe como posiblemente haga años que no lo hace sereno.
(esto de la magia pendular son: el basuko, los tampones impregnados de ácido y un largo etcetera)
las abuelas de campo, pero arrinconadas en la ciudad:
pelo largo y negro, vestidos eternamente reciclados, edad imposible de adivinar.
solicitan a menudo a las trabajadoras sociales que el bienestar colombiano se haga cargo de sus nietas
"llevémela, llevemela, yo no puedo más, está cogiendo vicio, no me obedece, yo estoy muy enferma y no me alcanza para darles a todos de comer, llevemela, llevemela, no la quiero tener más"
y te lo dicen sin llorar:
se han visto en situaciones tan peores que ya no les quedan lágrimas.
saben que para qué, a ver, para qué dramatizar.
si la gente cuando no tiene problemas, se los inventa.
y cuando los tuvo realmente, se le pone el corazón de pomelo.
así que "llevese a mi nieta" es algo que se puede decir sin llorar.
inventa en tu cabeza una calle de un barrio con edificaciones de naipes hacinados.
te ayudo:
huele a putrefacción, confusas lindes entre algún cambuche y el vertedero.
hace mucha calor.
algún hombre arregla uno de esos coches que había cuando se emitía la bola de cristal. el aceite negro en el suelo. las chispas de soldar.
hay un tipo uniformado y armado a lo lejos con una adolescente. se incomoda si lo miras. por lo menos pagará bien a la niña, encorvada tras el banco.
un poco más allá está la viejita que extiende la palma de su artrosis para rogar así alguna moneda(qué dirán las líneas de sus manos?)
repleta la vereda de adolescentes o niños mirando péndulos de alambre.
viven bajo una capa de mugre que es una infamia, una segunda piel, un mimetismo fino.
mirada perdida, sonrisa pintada.
suena vallenato, pasa un bus amarillo y verde destartalado. escupe un peatón casi en marcha por la puerta de atrás. "dios te ama", rezan unas letras pegadas en el cristal atrás.
el candado en la cámara de helados que sacó esa familia de su salón a la calle, a ver si levanta alguna moneda.
la mamá despiojando a la niña.
ahora huele feo, como a basuko. tremenda peste. pisas en el suelo tapones de coca cola bien churruscaditos: son dramaticamente cutres los restos del consumo de basuko.
ya más abajo, alguien sentado vende apuestas hípicas bajo la sombrilla coloreada que corona su puesto, otro pasea aguacates en un carrito -o ni eso- .
ahora que te has imaginado la calle todo lujo de detalles, pasa por ella.
1 comentario:
Gracias por el paseo!
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