un buen día te levantas y...

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viernes, 25 de junio de 2010

baile de cosas (en supermercados, cocinas y demás)

cuando escucho algo que me cuesta aceptar, comienzan a bailar los objetos delante mía.


cobran vida y desfilan a salitos ante mis ojos -si es que veo algo desde ahí abajo, donde la oquedad-.


la primera vez, fueron los trapos de cocina que mi abuela agitaba en la cocina. la siguiente que recuerdo, las teclas del ordenador del trabajo, cuando apenas levantaba el día. y la tabla del escritorio que las sostenía. una de las recientes, fueron los limones del carrefúr dentro de los carritos con asa que siempre se me atascan cuando giro en un pasillo. en esta ocasión, empecé a preocuparme, porque al baile de cosas se le sumaron alucinaciones con óvulos nunca fecundados que sobrevolaban el centro comercial. hace unos días, fueron las papeleras e indicadores de dónde está el aseo mientras alternaba cintas transportadoras y pasos propios, durante dos terminales seguidas de barajas.


y esta tarde han sido los tiestos de barro y otros que vienen pintados y traen platos a juego. me he hecho una tourné de lo más divertida por todos los veinteduros de la zona. como una perfecta mari pili, peinando los establecimientos más glamourosos, tú sabes qué tipo de cosas se suelen encontrar en los chinos: los gatos dorados que mueven el bracito, los plumieres con el jerol de janamontana, los baldes de plástico y huevocofres de porcelana a lo luis XVI con patas doradas, gomas del pelo con estrellas de purpurina, collares de hawaiana con los que inventas que podrías hacer un maravilloso marco de fotos.


mientras los limones o los tiestos bailan, yo no asimilo nada. porque se vuelve todo difuso. y luego llega una tristeza descabezada ante la que parezco no tener capacidad de maniobra alguna. ella se muda a mis entrañas mientras las cosas bailan y yo me quedo abrillantando la pista de baile. se corre un estúpido velo, que inevitablemente dilata lo que ya me aplasta. entonces, en vez de asimilar las cosas de una, tengo la insufrible manía de ponerme a tiro una vez tras otra. aunque cualquier paisano viera venir los acontemientos de lejos, debe ser que a mí en el fondo me gusta el estado de trance de ver bailar las cosas. de esa forma, para cada cosa que no alcanzo a comprender a la primera, luego la asocio con los bailes de distintas cosas. hasta que sólo dios sabe cuándo, doy por terminada la fiesta de la danza (los pataleos, los llantos, la autocompasión).

me pongo las pilas.
y afronto la vida.

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